PARQUE NATURAL EL TUPARRO: LA CUNA DE LA NATURALEZA EN EL ORIENTE


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Este parque nacional natural, alberga 557 especies de plantas, 74 de mamíferos y 112 de aves.

¿Fue necesario que viniera la primera autoridad mundial en biodiversidad a decírnoslo para creerlo? “La biodiversidad es a Colombia lo que el petróleo a Arabia Saudita”. El año pasado, dedicado por las Naciones Unidas a la biodiversidad, el científico de la Universidad de Harvard Harold Wilson nos calentó los oídos y el alma con estas palabras.

Más de 50 parques nacionales naturales y toda la riqueza de la selva amazónica, de los Llanos, de las cordilleras, de las costas y de los dos mares no consagrada como área natural protegida avalan esas palabras.

Uno solo de nuestros parques nacionales, no cualquiera, desde luego, bastaría para que el científico se reafirmara en su declaración: es el Parque Nacional Natural El Tuparro, en el departamento del Vichada, en el oriente de Colombia.

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Humboldt fue el primer científico que admiró la riqueza de El Tuparro

Especial para EL TIEMPOConsidero el Parque Nacional Natural El Tuparro el más rico, representativo y, por lo mismo, el más bello de Colombia. En efecto, posee todos los ecosistemas, excepto el marino; pero… el Orinoco, el tercer río más largo del mundo, ¿no es acaso un mar interior?

Estos ecosistemas son selva, bosques de galería, sabanas, ríos, islas, tepuyes. A esto se añade la inmensa riqueza humana representada en algunas comunidades indígenas como los guahibos. Y por si fuera poco, existe una zona de gran interés arqueológico.

Se trata de un reducto de selva en el que crecen mangos centenarios que conoció el sabio Humboldt en su viaje a “las regiones equinocciales”, al principio del siglo antepasado. Allí había una misión, hoy tragada por la manigua.

El sabio admiró este Orinoco, en el que observó miles de caimanes del Orinoco, auténticos cocodrilos como los del Nilo; habla de bandadas millonarias en garzas, corocoras y muchas aves que casi tapaban la luz del sol, y narra cómo por las tardes solía ver, a su paso, algún jaguar, calentándose en las orillas. Humboldt fue el primer científico que admiró el hoy territorio del parque El Tuparro.

Por lo demás, la riqueza en biodiversidad del lugar es impresionante; por ello, fue creado en l977 como territorio faunístico. La fauna, que va desde insectos, pasando por peces, reptiles, roedores, anfibios, mamíferos y aves, es impresionante.

Los representantes de la cima de las cadenas alimenticias se encuentran en El Tuparro. Si hablamos del aire, el águila harpía, la soberana de las rapaces, señorea los ámbitos aéreos. Si hablamos de tierra, el jaguar, llamado también tigre mariposo por las pintas de la piel, es el rey de la selva y las sabanas.

Y en el agua, la poderosa anaconda, de varios metros de larga, es el terror de sus víctimas de agua y de tierra. Por estas razones, amo de manera particular estas inmensidades cuyos límites están marcados por tres ríos: Orinoco, Tomo y Tuparro. Cada dos años, con mimada religiosidad, visito el parque. Esta vez me acompañaron Diego Mesa y Mauricio Soler. En Puerto Carreño nos esperaba José Rodríguez, amable funcionario del parque; lo domina y lo defiende con pasión.

Alejandro Siblesz nos llevó por la sabana del Vichada, avanzando por un carreteable paralelo al Orinoco, de norte a sur. En el puerto de Garcitas nos esperaba la lancha que nos llevó a las instalaciones que para turistas se encuentran en la desembocadura de El Tuparro en el Orinoco.

Y allí nos dedicamos a gozar de los ecosistemas. José nos acompañó a caminar por las sabanas bajo un sol ardiente. Un venado y varios chigüiros se atravesaron en el camino. Trepamos dos tepuyes; son rocas que se levantan solitarias en las sabanas, prolongación hacia el occidente del llamado Escudo Guyanés, de Venezuela, cuyas formaciones son las más antiguas del mundo. Su edad se calcula en al menos 3.000 millones de años. El tesoro del parque es el raudal de Maipures, el más largo, poderoso y peligroso del Orinoco. Está frente a las cabañas del parque. Allí el agua se encabrita y forma trombas, cascadones, remolinos, una barahúnda infernal de rocas y chorros.

Una enorme piedra, llamada El Balancín, resiste la fuerza de la corriente. Gastamos una tarde admirándola y fotografiándola. Frente a las cabañas se encuentra una isla gigantesca, de varios kilómetros de longitud y de anchura. Tiene más de 100 metros de altura y su roca es granítica, negra y de mucha adherencia.

Subirla es un deleite, se goza de una alegría casi animal al vencer el vértigo y la verticalidad. Desde arriba se domina todo el parque: las sabanas del Vichada, los dos ríos y los llanos de Venezuela. Navegamos el río Tuparro, de aguas verdes, y al abandonarlo nos adentramos por Caño Lapa hasta llegar a un lugar sagrado para los indios. Una serie de cascadas, corredores de agua y pocetas constituyen su encanto.

Y nos entregamos a caminar una noche por las sabanas bajo el dombo de un cielo que se caía por su peso de estrellas. Esta emoción cerró nuestra visita a El Tuparro, territorio único en Colombia y patrimonio natural de la humanidad.

Con al menos 3.000 millones de años, los tepuyes son las estructuras emergidas más antiguas de la Tierra.

Antes de viajar, tenga en cuenta

Durante los recorridos es ideal caminar con botas pantaneras para evitar mordeduras de serpientes. Para obtener detalles sobre la visita, es posible comuni- carse con José Rodríguez, funcionario de Parques Nacionales (311-5637511). También, con la Agencia de Viajes y Turismo Vichada Exótica, con Rosevel Rodríguez (312-4446364).

Si usted va

Los meses ideales para visitar El Tuparro son entre diciembre y marzo, época seca en la región. Satena viaja a Puerto Carreño. A El Tuparro se puede entrar por Venezuela o por Colombia. Desde Puerto Carreño se toma una lancha hasta el parque. Se debe obtener un derecho de ingreso de Parques Nacionales 15 días antes de viajar.

Es clave llevar el equipo de acampar. Cobran desde $ 7.500 por noche por el espacio de la carpa y $ 7.500 más por noche por persona. La entrada para colombianos y extranjeros residentes en el país cuesta $ 11.500; para extranjeros, $ 34.000. Estudiantes de hasta 25 años y niños de 5 a 12 años, $ 7.500. Es importante llevar ropa para tierra caliente, gorra, calzado cómodo, protección solar y cámara.

Via: ELTIEMPO.COM